• Nicholas Salguero

¿Cómo empecé a invertir?

Cuanto más hablo con gente sobre “los primeros pasos” para empezar a invertir, más me doy cuenta del enorme miedo que existe.




El principal obstáculo ni siquiera es por lo que hubiera imaginado, el riesgo de pérdida de capital, sino que está directamente ligado a la sensación de que “esto no es para mí” o “yo no entiendo de esto”. Hay un cierto aspecto místico a la inversión que causa esta sensación y muchos actores del mercado se aprovechan de ello.


Pensando en mi propia experiencia empezando a invertir, me doy cuenta de la enorme suerte que tuve ya que tenía cerca a dos personas que me hablaban de ello de forma totalmente natural y muy a menudo. Tanto mi padre como mi abuelo eran inversores bastante activos, con sus propias estrategias, análisis y opiniones marcadas de qué hacer con su dinero.


A los 16 años me dieron un reto acompañado de un incentivo, una cuenta para hacer trading con mi propia estrategia de inversión que me ayudarían a formar, analizar y seguir. El incentivo era que al final del verano me darían un 10% de la cuenta para gastar en lo que quisiera o podía elegir quedarme con la cuenta y seguir invirtiendo. El total de la cuenta al empezar eran unos 1000€.


Fueron mis primeras “prácticas” de verano donde me pasé meses leyendo sobre mercados y estrategias, analizando industrias, empresas y acciones para tomar mis primeras decisiones reales de inversión. Mi suerte, aparte de contar con dos geniales mentores con experiencia fue el poder experimentar a una muy temprana edad con algo tan “místico”, donde realmente yo nunca lo vi como tal, para mí era una parte más de lo que veía en casa y una “habilidad” o conocimiento que había que tener y trabajar.


Al acabar el verano había ganado algo de dinero en la cuenta y decidí que me la quedaría para ir gestionando ese capital, se convirtió en algo que me unió mucho con mi padre y abuelo, cosa de la que hablamos a día de hoy!


Lo cierto es que aunque tuve la suerte de tener esta cercanía al mundo de inversión de forma muy cercana y temprana en mi vida, no es lo usual ni es la única forma de empezar.


Una gran diferencia de cómo empecé yo en comparación con las personas con quienes hablo a día de hoy es que era dueño de mis decisiones de comprar o vender acciones específicas, seguía el mercado de forma diaria y me interesaba por temas más allá de la superficie, como el mercado de los derivados.


Hoy en día llevo unos 6 años en los que no compro ni vendo acciones de forma individual y recurrente, habiendo decidido que lo mejor para mí a futuro es la gestión pasiva utilizando fondos indexados con comisiones bajísimas y un riesgo muy diversificado.

Esta decisión la tomé por dos razones principales, por un lado la “idoneidad” de la estrategia activa en mis planes a largo plazo y por otro lado la falta de tiempo para dedicarme a ello. Resumiendo, el enorme tiempo que le dedicaba no justificaba el extra (o no) de rentabilidad que obtenía.


La buenísima noticia aquí es que esa sensación que tienen las personas con quien hablo de que “no es para ellos” es totalmente errada y existen formas fáciles de dar esos primeros pasos (sin duda mucho más fáciles que cómo lo hice yo).


La primera puede ser simplemente hacer el “test de riesgo” que tienen por ley todas las plataformas con productos de inversión para hacerte a una idea de qué producto o cartera es mejor para ti. Este primer paso te mostrará, sin riesgo ni compromiso, en qué estarías invirtiendo sin la necesidad de meter un céntimo si no quieres. A partir de ahí es sentirte cómod@ con la plataforma que elijas y empezar poco a poco, tu dinero en ese depósito a plazo fijo (o peor aún bajo el colchón) no te está haciendo ningún favor y ¡no es ningún misterio todo lo que puede hacer por nosotros nuestro amigo el interés compuesto!


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